Sólo unas horas después del estreno de la nueva herramienta de Google para callejear virtualmente ya ha levantado polémica. Muchos usuarios consideran invadida su privacidad porque se ven perfectamente coches y caras de los ciudadanos.
Es algo que ya ocurrió hace años en las Vegas o San Francisco, las primeras ciudades fotografiadas. Google lo solucionó con una nueva tecnología que difumina matrículas y rostros. Aún así, hay gente en nuestro país que se ha identificado y reclama el derecho a la privacidad.
Además hay otro problema añadido.¿Qué ocurre con su domicilio particular, en caso de que usted no quiera que aparezca en este recorrido virtual?
Por ahora, esta nueva forma de hacer turismo virtual sólo es posible en Barcelona, Valencia, Madrid y Sevilla. Desde casa, en segundos se puede plantar en La Giralda, en Cibeles o visitar las Ramblas de Barcelona. Durante meses, unos coches han grabado con cámaras especiales cientos de avenidas.
Google ha revolucionado Internet desafiando la hegemonía de Explorer y lanzando su navegador propio por sorpresa. Descubra todas sus claves en este especial.
Hagamos un poco de historia. Cuando en 2004 alguien preguntó a los fundadores de Google, Larry Page y Sergei Brin, si su compañía crearía alguna vez un navegador para Internet la respuesta fue clara y contundente: “No. No vamos a inventar la rueda”.
Cuatro años más tarde la idea ha cambiado y el pasado lunes 1 de septiembre los rumores de que Google lanzaría su propio navegador -que habían estado circulando por foros y blogs desde hacía meses- se hicieron realidad cuando la propia compañía anunció -probablemente, por error- el lanzamiento de su navegador Chrome.
Aunque el software no se podía descargar hasta el día siguiente, la noticia corrió como la pólvora por la Red. Los internautas, sedientos de información, tuvieron que conformarse con un original cómic en el que se explicaban algunas cualidades del futuro navegador.
Así pudimos conocer que el motor de renderizado está basado en el del navegador Safari y que cuenta con un sistema llamado Omnibox que, cuando el usuario escribe una dirección web, le sugiere una serie de direcciones tomadas de Internet, entre otras funcionalidades.
Y mientras tanto, en Microsoft debían estar lamentándose de haber lanzado días antes la prueba de Internet Explorer 8. Google les ganaba la partida y mandaba un órdago a los de Redmond dándoles donde más le duele, en su negocio hegemónico de buscadores, al que ni Firefox ni Opera ni Safari habían conseguido hacerse tambalear de momento.
YouTube es el término más buscado por los internautas españoles en los últimos 30 días y en lo que va de año en el motor del incansable Google, que acaba de lanzar una nueva herramienta que permite conocer qué términos son los más buscados por países.
El nuevo servicio se llama Insights for Search y viene a completar su ya conocido Google Trends, que mostraba la evolución de los términos más buscados. La novedad es la segmentación por países, por regiones y hasta por subtemas, lo que en teoría permite saber qué palabra es la más buscada en relación con los automóviles en Andalucía en los últimos 12 meses, por ejemplo.
En la práctica, el servicio no es capaz de afinar tanto los resultados, al menos en España.
Insights Trends aún tiene que evolucionar pues está en beta, es decir en periodo de prueba, como todos los lanzamientos que realiza Google, pero puede ser muy útil para los anunciantes y publicistas, que es el público al que va dirigido. Aunque hay quien ya ha advertido que es un servicio igual de útil para los spammers.
La herramienta también permite comparar un término con otro de modo que se puede comparar dos productos competidores o personajes para saber quienes son más populares en determinado lugar o las que más han subido en los últimos meses.
YouTube arrasa en las búsquedas de España en todos los periodos. En los últimos doce meses es el término más buscado, seguido de “Juegos”, y de “Hotmail”.
Cuil es un nuevo buscador de Internet lanzado hoy en EEUU por ex-empleados de Google y, según los expertos, es una prometedora página con posibilidades de convertirse en un serio competidor del gigante de las búsquedas en la red.
Cuil -un nombre de origen irlandés que se pronuncia como la palabra inglesa “cool”- ha sido creado por Anna Patterson, su esposo y otros dos ex-ingenieros de Google que dejaron sus trabajos para explorar formas más innovadoras y eficientes de rastrear en la red.
El resultado es un buscador que profundiza más en los contenidos de las páginas entre las que rastrea y presenta los resultados de una forma más parecida a una revista, incluyendo fotos y alejándose de las típicas listas de Google.
Sus responsables afirman que Cuil rastrea en un índice de 120.000 millones de páginas web, al menos tres veces mayor que el de Google.
Google confirmó hace tres años disponer de un índice de 8.200 millones de páginas, pero ha declinado aportar datos desde entonces.
El buscador no ha realizado declaraciones sobre el lanzamiento de Cuil, aunque ha afirmado en un comunicado que celebra la llegada de nuevos competidores.
Los expertos opinan que Cuil tiene muchas probabilidades de triunfar gracias a la experiencia de sus responsables, aunque no se ponen de acuerdo en si supondrá una amenaza para Google o más bien para Microsoft, cuyo buscador es el tercero más usado en EEUU.
Microsoft, que trata por todos los medios de ampliar su negocio en Internet e intentó, sin éxito, adquirir el portal Yahoo, compró el pasado mes Powerset, otro nuevo y prometedor buscador cuya tecnología se basa en la búsqueda de preguntas y no de términos.
Según los últimos datos publicados, Google acaparó en mayo un 62 por ciento de las búsquedas en la red realizadas en EEUU, seguido de Yaoo con un 21 por ciento y Microsoft con un 8,5 por ciento.
Un tribunal federal del Estado de Nueva York acaba de dictar una sentencia que puede poner patas arriba el concepto mismo de internet. El juez ordena a Google que facilite al gigante de la industria televisiva, cinematográfica y del vídeo Viacom (MTV, Paramount, Dreamworks, Comedy Central…) todos los datos que almacena desde hace 18 meses de los millones de usuarios de su filial YouTube, el sitio de intercambio de vídeos más popular de la Red.
Se trata de una sentencia en la que se entrelazan el derecho a la propiedad intelectual, el derecho a la privacidad y el derecho del ser humano al acceso a la información y el conocimiento. Los tres ejes, ni más ni menos, sobre los que gira la existencia misma de la Red de redes.
La historia se remonta a marzo de 2007, cuando Viacom llevó a Google ante la Justicia por haber autorizado el visionado de cerca de 160.000 vídeos -que habrían sido visitados en conjunto más de 1.500 millones de veces- sometidos a derechos de autor, principalmente tomados de los programas difundidos por las cadenas de televisión MTV y Comedy Central. En compensación, la productora reclamaba mil millones de dólares a Google.
Clave de acceso y dirección IP.
La sentencia obliga a YouTube -filial de Google desde octubre de 2006- a facilitar al demandante todo el catálogo de vídeo colgados en el sitio de intercambio, incluso los que ya han sido descatalogados; y además, deberá remitir los códigos de acceso de todos sus usuarios y sus direcciones IP, con el listado de vídeos visionados por cada uno. La combinación de clave de acceso y dirección IP -el número que identifica al ordenador al conectarse a internet- equivale, en la práctica, a revelar el ordenador desde el que se ha visitado cada vídeo.
YouTube se ha escudado siempre en que su actividad se centra en el intercambio de vídeos privados, elaborados por los propios internautas. Pero Viacom buscaba con su demanda demostrar que el negocio de YouTube se basa en una muy alta proporción, más que en el intercambio de vídeos privados, en el libre acceso a vídeos e incluso a programas de televisión completos sujetos a derechos de autor. Principalmente, se trata de vídeos musicales y shows televisivos.
Privacidad de datos.
La decisión del juez federal Louis S. Stanton ha causado un enorme revuelo en los Estados Unidos, donde la privacidad de los datos personales es un valor fundamental en la sociedad, hasta el punto de estar protegida dicha privacidad por buen número de leyes.
En concreto, los datos que deberá aportar Google suponen un volumen ingente de información equivalente a 12 terabytes: toda su base de datos de usuarios desde hace 18 meses. Dichos datos no permiten identificar al usuario personalmente, ni contienen su dirección de correo electrónico; pero sí identifican el ordenador desde el que se visitó cada vídeo y en qué momento; si la visita se hizo en el servicio gratuito de vídeos y el número de veces que cada ordenador insistió en una misma grabación.
Podría fácilmente argumentarse que Google ha caído en su propia trampa. No en vano, ya que YouTube ha almacenado todos los datos relativos a sus usuarios durante año y medio buscando su propio beneficio, con el fin de analizar los comportamientos de sus «clientes» para optimizar la consecución de sus objetivos comerciales y mejorar su servicio. Ello, como efecto indeseado para Google, ha permitido a Viacom analizar un tiempo lo suficientemente relevante los «métodos» de trabajo del portal de intercambio de vídeos. Tanto como para argumentar con solidez su posición ante la Justicia.
El buscador estrella siempre había asegurado a sus muchos millones de clientes la confidencialidad absoluta de sus datos, pero esta sentencia judicial pone al descubierto que ni siquiera el gigante de los gigantes, Google, es inmune a los fallos judiciales.