Natasha Randell, de 17, se ahorcó la semana pasada en su habitación. En cuestión de horas, apareció una página en internet con su nombre, con fotografías, poemas y tributos de sus amigos.
El lugar ha recibido ya más de 3.000 visitas, muchas de las cuales han dejado sus mensajes a modo de placas virtuales, que van construyendo un «muro del recuerdo» con dedicatorias: «RIP chick», «dulces sueños, ángel», «duerme, princesa»…
Tasha, como la llamaban sus amigos en Bridgend, una pequeña población del sur de Gales, había dejado también su propio mensaje en el memorial dedicado en internet a Liam Clarke, de 20 años, que se ahorcó en un parque el pasado 28 de diciembre. «RIP Clarky boy!! Te voy a echar de menos! Siempre recordaré los buenos tiempos! Te quiero», había escrito la adolescente con la grafía de los mensajes rápidos, también en el portal de contactos sociales Bebo, uno de los muchos que se utilizan para crear amigos, quedar, debatir y compartir un vídeo o un tema de música.
Ahorcado en su habitación.
Entre ambas muertes está la de Gareth Morgan, de 27 años, amigo también de Liam y padre de un hijo, que se colgó en su habitación el 5 de enero.
Otros cuatro jóvenes habían fallecido en los meses previos en Bridgend o alrededores.
La serie la comenzó Dale Crole, de 18 años, en enero de 2007. Un antiguo compañero de clase, David Dilling, de 19, siguió sus pasos en febrero.
Dos días antes de que David fuera enterrado, Thomas Davies, de 20, que había coincidido en el colegio con los dos anterior, se ahorcó en un árbol.
El mismo fin tuvo en agosto Zachery Barnes, de 17, amigo de la familia de Thomas.
La lista podría ser más larga si, tras la muerte de Natasha, dos de sus amigas hubieran conseguido su propósito esta última semana.
Una se recupera de los cortes que se hizo en la muñeca, y la otra se está recobrando de la asfixia que casi completó en su intento de ahorcarse.
Aunque algunos eran amigos de otros, no todos se conocían directamente entre sí. En realidad no se ha tratado de ningún pacto de suicidio a través de internet, como en ocasiones ha ocurrido en otros lugares, sino del deseo de celebridad en la comunidad real en la que se vive -y en la virtual de los foros de internet- y también la búsqueda de un alud de manifestaciones de cariño, que en vida no suelen llegar tan abrumadoramente o incluso pueden escasear.
«Pueden creer que es algo «cool» tener una página web en su memoria. Puede ser un modo de conseguir prestigio entre su propio grupo», ha señalado la Policía.
Imitación.
Es ese deseo de ser una estrella lo que ha alarmado a los psicólogos, que temen que la glorificación del suicidio juvenil puede animar a otros a hacer lo mismo.
Investigadores de la Policía de Bridgens han visitado ya los hogares de muchas familias de adolescentes para animar a los padres a que ganen confianza con sus hijos con el fin de que posibles deseos de protagonismo no acaben alimentados en debates de internautas sobre el suicidio.
Según la madre de Thomas Davies, uno de los fallecidos, «el problema es que ellos no saben hablar como adultos sobre cuestiones serias como ésta. Pueden hablar entre ellos en el ordenador, pero no saben expresar sus emociones de otro modo».
Envia un comentario